Las altas temperaturas y la sequía ambiental que se dan durante el verano, obligan a las aves darse intensos baños de agua para aliviar el calor, librarse de los parásitos y mantener en perfecto estado sus plumas. El bues estado de las plumas protege a las aves del calor y del frío.
La abundancia de fuentes y manantiales en los montes, es fundamental durante los tres meses que dura el verano mediterráneo. Gracias estos puntos de agua, de vida, la fauna no desaparece del monte. Aquí encuentra la fauna un lugar fresco donde beber y asearse cada mañana, refrescarse durante el día y beber antes de irse a dormir. Otros, como los anfibios o insectos lacustres, encuentran aquí su hábitat principal para vivir.
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