domingo, 8 de octubre de 2023

LA GANADERÍA BRAVA. OTOÑO V



Hace unos quince mil años, los habitantes de la Península Ibérica comenzaron a cambiar su forma de vida. Unos, cultivando especies vegetales, que con el tiempo fueron mejorando en tamaño y sabor. Otros, domesticando o manejando animales en su hábitat, para sacarles un rendimiento en el trabajo, en la alimentación y el vestido.

La ganadería brava, ha tenido más cambios en el manejo de los animales en los últimos cien años, que en toda su historia.

Hoy sólo hay una o dos ganaderías que hacen la trashumancia de largo recorrido, desde Los Montes Universales hasta Sierra Morena. En los años setenta, muchos ganaderos llevaban las vacas y los novillos de unas zonas a otras, para aprovechar los pastos de temporada, escapar de las nieves o la sequía del verano.

La mayoría de las ganaderías que se asientan en las dehesas de Sierra Morena, en Jaén, tuvieron su origen en Guadalajara o Teruel. Las vacas y los novillos de las ganaderías de Samuel Flores, estuvieron haciendo la trashumancia hasta los años noventa, desde Povedilla en la Sierra de Alcaraz, hasta Los Alarcones, en Sierra Morena.

La trashumancia de los animales, de norte a sur y viceversa, hacia las zonas con temperaturas templadas en verano y en invierno, donde la calidad de los pastos y su abundancia es notoria, la aprendieron los hombres en el neolítico, al seguir a las manadas de bisontes, toros, caballos... A la vez que ellos, también evitaban las inclemencias meteorológicas adversas del invierno y del verano. Iban en busca del eterno otoño y la eterna primavera, dos estaciones principales e importantes, que condicionan la vida natural, cultural y económica de la Península Ibérica.


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