sábado, 28 de enero de 2023

LOS MONTES MEDITERRÁNEOS DEL CENTRO DE ESPAÑA. INVIERNO SEGUNDA PARTE I

 


A lo largo del invierno, durante esas épocas en las que las borrascas boreales inciden sobre La Península Ibérica, causando olas de frío y temporales de nieve, numerosos pájaros que habitan en los pinares silvestres y en los montes atlánticos que cubren las montañas del Sistema Central, invernan o pasan largas temporadas en los encinares de las mesetas.

Los pequeños herrerillos capuchinos, carboneros garrapinos, trepadores azules, pinzones reales, zorzales, mirlos comunes, gavilanes... Se marchan de sus territorios naturales, no porque no soportan el frío, pues están adaptados por evolución para soportar todo tipo de inclemencias naturales. Se van, como consecuencia de la climatología adversa, al no poder encontrar alimento. Debido a sus pequeños cuerpos y su metabolismo, no pueden almacenar grasas para subsistir durante varios días, pues el frío activa sus cuerpos y quema en poco tiempo las pocas reservas que tienen. En consecuencia, si no se van rápido a otras latitudes más benignas, donde pueden encontrar alimento, sucumben.

En condiciones normales, un herrerillo capuchino puede soportar sin comer entre uno y dos días. Con temperaturas por debajo de los -5ºC, sin ningún recurso para alimentarse, muere en horas. Un gavilán, en condiciones normales puede aguantar sin alimentarse unos tres días. Con temperaturas por debajo de los -5ºC, con todo su territorio cubierto de nieve, donde faltan sus principales presas, los pequeños pájaros, o se va, o en dos días cae, dependiendo de las grasas que tenga acumuladas.


miércoles, 21 de diciembre de 2022

LOS MONTES MEDITERRÁNEOS DEL CENTRO DE ESPAÑA. INVIERNO PRIMERA PARTE VI

 

El primer invierno, es para los jóvenes que nacieron en la primavera y el verano pasado, el periodo más difícil y más crítico de toda su vida. Dependiendo de como haya sido el otoño en abundancia de frutos y vengan el invierno, así será para todos los habitantes del monte.

Han tenido el final del verano y todo el otoño para aprender a cazar, a buscarse la vida, a esquivar los peligro y a ir conociendo el terreno, con un clima benigno.

El invierno es la estación más dura del año para todos los habitantes del monte, pues los recursos para alimentarse escasean. Los animales necesitan más cantidad de alimento, para mantener fuerte y caliente el cuerpo. Sólo los más fuertes y preparados, van a llegar a la primavera para formar una pareja y traer una nueva generación al monte.

Más del cincuenta por ciento de los jóvenes pito reales, como el que vemos en la fotografía, van a caer durante el otoño y el invierno. Por inexperiencia para pasar inadvertidos en el monte ante los depredadores, o por falta de experiencia para buscar los suficientes recursos, para alimentarse durante el invierno.


lunes, 19 de diciembre de 2022

viernes, 9 de diciembre de 2022

LOS MONTES MEDITERRÁNEOS DEL CENTRO DE ESPAÑA. INVIERNO PRIMERA PARTE IV

 


El mundo natural que hoy conocemos en España, está sujeto a la evolución que ha tenido en los últimos dos millones de años. Una evolución que va con el ritmo de las estaciones.

Para que la vida fluya y sea constante, se tienen que dar una serie de acontecimientos naturales previos. El clima tiene que desarrollarse de forma natural y regular durante todas las estaciones del año. Quiere esto decir, que para que la vida siga de forma regular en la primavera siguiente, durante el otoño y el invierno, las precipitaciones en forma de lluvia y de nieve tienen que ser regulares.

Las abundantes precipitaciones que se dan en forma de lluvia durante el otoño en el ecosistema mediterráneo, paran la sequía estival y cargan los acuíferos. Las precipitaciones que se dan en invierno en forma de lluvia y de nieve, recargan los acuíferos y llenan las fuentes y hacen correr los arroyos.

El agua que se almacena en las capas freáticas (acuíferos) y en las fisuras de las rocas (acuíferos aislados) van a mantener con vida a la flora durante los dos meses de verano, y van a hacer posible que esta fructifique durante la estación y el otoño. Van a mantener llenas las fuentes y los manantiales, para que la fauna siga habitando las manchas.

El agua que caiga en primavera, servirá para mantener el flujo de los arroyos y las fuentes, y para regar la vegetación. Pero no para recargar los acuíferos, arroyos y fuentes. Si estas recargas no se producen en otoño y en invierno, llegaremos a la primavera con un déficit hídrico, que va afectar de forma muy negativa a toda la vida del monte en los meses sucesivos.

La flora, por evolución, está capacitada para soportar de forma natural sin sufrir daños, durante uno o dos periodos, en los que las precipitaciones sean inferiores a las normales. En los años sucesivos, regulares, las condiciones naturales se restablecen y el monte no tiene ninguna merma.


martes, 6 de diciembre de 2022

LOS MONTES MEDITERRÁNEOS DEL CENTRO DE ESPAÑA. INVIERNO PRIMERA PARTE III

 


La fauna que habita en los montes mediterráneos, ha evolucionado con ellos en los últimos dos millones de años. Cada especie tiene su nicho ecológico. Por evolución, tiene unos rasgos morfológicos definidos, un comportamiento y una forma de conseguir su alimentación.

La cadena de la vida del mote mediterráneo, está estructurada por la evolución que condiciona el clima, la situación geográfica y la flora.

Toda la comunidad del monte, se estructura en una pirámide ecológica. Desde la base, que son los productores primarios, hasta el último, que son los consumidores de los restos de los seres que han muerto.

Podríamos decir, a groso modo, que toda la comunidad forestal que forma el monte mediterráneo, formado principalmente por encinas, alcornoques, quejigos, acebuches, coscojas, madroños, cornicabras, fresnos, arces... sería la base de la pirámide ecológica. Los abundantes y variados insectos, como los saltamontes y las abejas; los herbívoros, como los conejos y los ciervos, serían el primer nivel. Las aves insectívoras, como la curruca carrasqueña y la abubilla; los fitófagos como la paloma torcaz y la perdiz, serían el segundo nivel. Los pequeños carnívoros, como la comadreja y la gineta; omnívoros, como la urraca y el lirón careto; las pequeñas rapaces como el gavilán y el cernícalo común, serían el tercer nivel. Los medianos carnívoros, como el zorro y las rapaces medianas, como el cárabo y el águila culebrera, serían el cuarto nivel. Los grandes carnívoros, como el lobo y el lince; omnívoros como el jabalí; las grandes rapaces, como el búho real y el águila imperial, serían el quinto nivel. Los que se alimentan de animales muertos o de los restos que dejan otros, como el alimoche, los buitres negros y leonados, serían el sexto nivel. Los que se alimentan de huesos, como el quebrantahuesos, serían el vértice de esa pirámide ecológica.

Cada nivel que acabamos de comentar, someramente, está especializado en unos hábitos que ha adquirido por evolución para obtener su alimento. Los azores, los linces, sólo consumen animales que han cazado ellos. El águila real o el lobo, consumen animales que capturan ellos o que encuentran muertos. El buitre negro y el buitre leonado, por la evolución en sus hábitos, sólo están capacitados para consumir animales muertos, que detectan gracias a los córvidos, milanos y alimoches.

El protocolo que siguen los grandes buitres en el mundo natural, para localizar a un animal muerto en el monte, es el mismo que ocurría hace quinientos mil años.

El animal muere por alguna circunstancia. En los próximos días le descubren los córvidos, los milanos y los alimoches, y consumen lo que pueden: los ojos, la lengua y algunas partes blandas. Ante esa algarabía que se forma en torno al animal muerto, los buitres pueden localizarle y van entrado a despezar y a consumir el cadáver. Los buitres leonados, son los primeros en abrir y consumir las vísceras y la carne. Los buitres negros se alimentan de la carne y de las partes duras. Al final, una vez abierto el cadáver por los buitres, los córvidos, el alimoche, los milanos, las águila reales... se alimentan. Cuando todos se van, sólo queda la piel y los huesos completamente limpios e inocuos. Listos para que entre el quebrantahuesos para alimentarse con ellos, si existe en la zona.


viernes, 2 de diciembre de 2022

LOS MONTES MEDITERRÁNEOS DEL CENTRO DE ESPAÑA. INVIERNO PRIMERA PARTE II



Cada estación, proporciona al monte una serie de condiciones ambientales, para que las especies puedan habitar las diferentes zonas geográficas.

Cuando entra el invierno, la mayoría de los pájaros que han criado en los montes mediterráneos, localizados en las solanas de las altas montañas, ya se han marchado a sus cuarteles de invierno, localizados en las mesetas o en África. En estas zonas altas, batidas por los vientos y la nieve, pasan la mayor parte del invierno las cabras monteses ibéricas. Aquí no hay hielo, los vientos y las nieves castigan menos, y las temperaturas son más agradables que en las cumbres, donde sólo hay hielo. Las altas montañas son como un termómetro, si las temperaturas bajan y arrecian las nevadas, las cabras monteses y los demás habitantes de la montaña, llegan a bajar hasta en fondo del valle. Con la retirada de la nieve y el hielo en los días posteriores, van subiendo.

Las zonas del monte, donde la humedad y el frescor atraen a la fauna en primavera y verano, para habitar, criar o alimentarse, ahora, con las abundantes precipitaciones, acompañadas de bajas temperaturas, se quedan vacías de vida. A los pájaros y a los roedores no les hace mucha gracia el frío y la humedad. En estas zonas solitarias, invernan las chochas perdices. Aquí encuentran su alimento principal, las abundantes lombrices, y pasan desapercibidas entre las hojarascas y las matas.

Hay una especie, que debido a sus hábitos y las horas que tiene de actividad en el monte, pasa desapercibida. Es más fácil de detectar, debido a los rastros que deja, que de ver. Es tal la confianza que tiene en sus hábitos discretos, que muchas le han perdido el miedo al ser humano, y durante una época del año conviven con él.

Entre mediados de noviembre y abril, muchas garduñas dejan sus guaridas en el monte, y se van a vivir a casas habitadas por guardas, abandonadas o de pueblos, cuadras y graneros. En estas construcciones, pasan el invierno y traen al mundo una nueva generación. Alimentándose con los roedores que viven con el hombre o a sus expensas, saqueando los gallineros. Cuando la primavera se empieza a sentar en el monte y la vida se hace más agradable, vuelven a él.


domingo, 27 de noviembre de 2022

LOS MONTES MEDITERRÁNEOS DEL CENTRO DE ESPAÑA. INVIERNO PRIMERA PARTE I

 


A finales de noviembre, el invierno ya se ha instalado en las sierras bajas y en las laderas de las montañas pobladas por el monte mediterráneo. La mayoría de los árboles caducifolios que pueblan este ecosistema, se han desprendido de sus hojas. Los quejigos y las cornicabras todavía mantienen algunas. Los montes, dependiendo de su situación geográfica y de las especies que los pueblan, van a cambiar su aspecto a lo largo de la estación.

El clima va a ser un factor determinante para las estaciones venideras, pues dependiendo de las precipitaciones en forma de lluvia o de nieve, los acuíferos se van a recargar completamente y van a descargar en las fuentes y en los arroyos que corren por las laderas y el fondo de los valles.

Las escarchas pintan de plata muchos amaneceres. Las nevadas regulares, transforman los paisajes de los montes durante días y los trasladan a otras épocas.

La fauna, dependiendo de como haya sido de abundante el otoño en frutos, aguanta en sus territorios durante toda la estación, excepto cuando las frías ventiscas azotan las laderas de los valles. Los pequeños mamíferos resisten en sus madrigueras, cubiertas de nieve. El resto de la fauna se desplaza durante unos días, hasta que la situación se regularice, aunque el suelo este cubierto de nieve.

La mayoría de la fauna está capacitada para buscar la comida, como los ciervos, los corzos y los conejos. O recurren a los frutos que han guardado o enterrado en otoño, como los arrendajos, las grajillas y los ratones. El zorro, la garduña, la jineta y la comadreja, suelen encontrar a alguien despistado cuando cae el día. Otros, como los pinzones, jilgueros, picogordos, escribanos, palomas torcaces, tienen que desplazarse a las zonas donde el suelo está libre de nieve.

Para los habitantes de la ciudad, la nieve y los paisajes que crea, únicos e irrepetibles en todo el año, les atrae, les gusta, porque no se imaginan lo duro que es vivir en un lugar así, con los recursos naturales que proporciona el monte.

El invierno, después de sus frías noches y pintados amaneceres, también tiene sus días soleados agradables, donde la vida parece que su multiplica por los montes, pues en muchas zonas todavía quedan bellotas y pequeños frutos que no han quemado las heladas.

El invierno mediterráneo suele venir de la mano del otoño con abundantes lluvias, que van a ir dando paso a regulares nevadas en las zonas medias, y grandes en las cumbres de las montañas. Y se va con abundantes precipitaciones y copiosas nevadas, de considerables espesores en las montañas.

Mientras todo esto sucede, los árboles, muy despacio, se van trasformando. La vida sigue latiendo. En muchos puntos de nuestros montes, siempre hay alguien que observa y vive la vida intensamente todos los días del año. Que grandes cronistas serían, si pudieran contar lo que ocurre en la vida del monte.