Como ese gusano que nació hace apenas dos meses, la primavera se transforma en verano en las montañas del Sistema Central, con el aumento de las temperaturas y las horas de luz. La vida se hace más agradable, se transforma, se multiplica, se perpetúa.
Donde vayamos, bajo las copas de los grandes árboles y arbustos, acompañados por la música de fondo de insectos y pájaros, todo lo vamos a ver de verdes intensos, con un clima templado húmedo, donde el sol y el calor no molestan.
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