domingo, 1 de julio de 2018

DE CANENCIA... AL PUERTO.




En estas fechas de verano y vacaciones, cuando el calor se hace insoportable en la ciudad, nos vamos a hacer un recorrido por un valle del Sistema Central. Donde el bosque, el agua y el sonido de sus habitantes lo llenan todo...




Desde el camino histórico que va a Garganta de Los Montes, vemos una panorámica del pueblo de Canencia. De sus bosques y de sus prados.




El nombre del pueblo, parece ser que le viene, porque en él estuvieron las perreras reales en tiempos de Alfonso X y Alfonso XI.




A la salida del pueblo, en los fresnos que habitan en las orillas de el Arroyo del Ortigal, observo a un petirrojo capturando pequeños insectos.




Subiendo por la carretera, a un kilómetro del pueblo, paso por La Poza de los Carboneros. Una charca donde se baña la gente en este tiempo...




Por la orilla anda una pareja de lavanderas cascadeñas... Van capturando todo tipo de insectos que habitan en estos medios húmedos. Estos pájaros del río, junto con el mirlo acuático, son bioindicadores del estado saludable de los cursos de agua.




Entre las rocas florecen las matas de dedalera. Un vegetal que llama la atención. Con flores muy originales y hojas de terciopelo.




Al llegar a este punto del valle, donde son abundantes los sauces, los robles y los abedules que conviven entre los grandes pinos silvestres, comienza la subida hasta el puerto...




Siguiendo el curso del arroyo, entre las ramas de los árboles viene un herrerillo capuchino buscando insectos... Un habitante típico de estos bosques.




Las nubes han cubierto el cielo del valle. En el interior del bosque, de pinos silvestres y abedules, el ambiente es templado... Tenue... Marcado por el sonido del arroyo y el canto de algún pájaro.




En la orilla del arroyo vemos a un pinzón común bebiendo... Uno de los pájaros más alegres y sonoros de estos bosques.




Por las inmediaciones del arroyo, se ven setas de varias especies...




En este ambiente agradable, con música de fondo... Uno se olvida de las preocupaciones, de los problemas, de las prisas, de los malos rollos... De ese vidón que hacemos en la ciudad.




Por los árboles del arroyo viene una familia de trepadores azules... Los pollos han abandonado el nido hace unos días. Los padres buscan insectos y larvas en los huecos y en las cortezas de los árboles, para alimentar a sus hambrientos pollos.




Gracias a las condiciones ambientales que se dan en los valles del Sistema Central, como consecuencia del clima y de sus bosques, es posible que muchas especies de la fauna estén criando ahora, y puedan sacar hasta tres o cuatro nidadas.



Al otro lado del arroyo, se mueve una pareja de papamoscas cerrojillos... Un pájaro que vive aquí durante la primavera y el verano, y pasa el otoño y el invierno en África tropical.




Después de las generosas nieves y lluvias que han caído durante el invierno y la primavera, el agua sale y corre generosamente por todas partes... La misma que se consume en la ciudad de Madrid.




Junto al arroyo, me detengo unos instantes para observar el panorama... Un ambiente lleno de tonos verdes, optimista... Donde la vida se manifiesta por todas partes...




Entre las hojas y las hierbas, como un pequeño duende, sin hacer apenas ruido, se mueve la hembra del lagarto verdinegro. Un lagarto que vive en ciertas montañas de La Península Ibérica.




Los grandes helechos machos están en pleno crecimiento... Desarrollando y mostrando sus elegantes “ramas”.




El verano es una época de contrastes muy considerables en La Península Ibérica. De campiñas y páramos abrasados por el sol y la sequía. De valles montañosos cubiertos de verdes bosques, donde no falta el agua y ese ambiente agradable que se escucha y se respira.




Desde hace unos minutos, se escuchan las andanzas del pico picapinos... Está posado en el tronco alto de un álamo negro, taladrando la corteza... Busca larvas de insectos que viven de la madera.




El ambiente forestal por el que discurre la carretera es muy agradable... Variado, único.




Sobre las flores de los cardos que habitan en pequeños claros, se posan escarabajos y mariposas para alimentarse.




Al llegar al Arroyo Sestil Maíllo, llama la atención un acebo de buen porte. En las inmediaciones se localizan pequeñas manchas de grandes acebos, acompañadas por abedules y numerosos tejos de variados portes.




Después de la gestión que han tenido estos bosques en los últimos seiscientos años, nunca sabremos como eran aquellas tejedas que los habitaron, pues son árboles muy longevos, que se desarrollan muy despacio.




Por las ramas de un abedul, viene el pequeño carbonero garrapinos con un gusano en el pico... Se acerca al tocón de un pino y se pierde en el interior, donde tiene el nido.




En esta zona, entre los altos pinos silvestres, los abedules y los acebos, habitan tejos de considerables portes y edades...




En el puerto, bajo los grandes pinos silvestres, sentado en la Fuente de la Raja observo el panorama... Al fondo, se divisa la Meseta Sur y la ciudad de Madrid...

Con este artículo me despido hasta septiembre. Un mes lleno de cambios, de ideas renovadas... Hasta pronto.



4 comentarios:

  1. Que frondosidad de bosques. Una maravilla pasear por nuestra querida sierra.. saluditos

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  2. Me gusta el reportaje Juan.Enhorabuena.

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